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Zaragoza, Huesca y Jaca se unen a la rebelión contra Jaime I


 

ZARAGOZA, octubre de 1224. Las principales ciudades aragonesas se han coaligado y se han unido a la rebelión nobiliaria contra Jaime I (15). Los rebeldes controlan totalmente al joven rey, a quien mantienen retenido en la a ciudad de Zaragoza. Estos acontecimientos son conocidos como el “Alzamiento de Aragón”. En lo sucesivo, los enemigos del rey lo acompañarán en todo momento para controlar sus acciones, y le forzarán a tomar decisiones para su propio y exclusivo beneficio.


Jaime I, que se encontraba refugiado en Alagón en compañía del que fuera su único apoyo, su tío Nuño Sánchez (44), ha conocido que las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca se han coaligado con los nobles y exigen al rey que aparte de su lado a “personas que son dañinas para el rey y el reino”, un eufemismo para que despida a los fieles que todavía siguen a su lado y se entregue al consejo y control de los nobles rebeldes.


La coalición ha tenido éxito, pues poco después, Nuño Sánchez abría las puertas de Alagón y permitía la entrada de los cabecillas de la rebelión; el infante Fernando de Montearagón (34) y también tío suyo, los ex-consejeros papales Pedro Ahones, Jimeno Cornel y los hasta hace poco fieles Montcada. Los rebeldes trasladaron a Jaime I a Zaragoza, donde ha estado retenido en la Zuda, al antiguo alcázar musulmán. Allí fue forzado a conceder honores y rentas a sus nuevos “consejeros”, y también a ratificar y ampliar algunos fueros de las ciudades rebeldes,. No fue hasta después de marzo de 1225 que lo nobles permitieron la salida del rey de la ciudad, aunque eso sí, siempre acompañado y vigilado por ellos.


Aún así, Jaime I no ha dejado de tomar iniciativas para recuperar su autoridad, aunque los resultados han sido humillantes. Así, el 28 de abril convocaba en Tortosa a los nobles y villas de su reino para retomar acciones de conquista contra los musulmanes y atacar Peñíscola. La asamblea aprobó la campaña, pero cuando las tropas aragonesas llegaron a la ciudad (agosto 1225) el cerco fue ampliamente boicoteada por nobles y villas, con lo que el sitio de Peñíscola tuvo que ser levantado poco tiempo después. Peor fue lo ocurrió a primeros de 1226, cuando convocó a los nobles en Teruel para prepara una campaña contra las tierras de Valencia; en esta ocasión, los convocados ni se dignaron en aparecer. Sin embargo, al menos esta vez la acción arrojó un resultado positivo: tan débil es la situación de los almohades, que el gobernador de Valencia, Zeit Abu Zeit, acordó una tregua y el pago de parias en cuanto conoció que el rey de Aragón había convocado a sus vasallos con la intención de atacarle. Si hubiera tenido un poco más de paciencia se habría ahorrado un buen puñado de oro.


Las consecuencias de esta lamentable situación todavía son más humillantes si se comparan con la facilidad con que el reino vecino de Castilla está obteniendo avances en Al-Ándalus, donde Fernando III cuenta incluso con la colaboración de caudillos almohades, dado el grado de desintegración en que se encuentra sumido el imperio de Marrackech.


En estos momentos, los nobles son los dueños absolutos de la corona de Aragón, pues ya ni siquiera cuentan con la oposición de las villas y ciudades, entidades que, hasta ahora, eran las únicas que estaban en condiciones de ofrecer resistencias a sus banderías y acciones de rapiña.


De lo que fuera el alcázar musulmán de la Zuda, en Zaragoza, todavía queda en pie la torre del homenaje, aunque su aspecto actual corresponde a reformas practicadas posteriormente, en el siglo XVI, que le confirieron su aspecto mudéjar. En la Zuda está instalada la oficina de turismo de Zaragoza.

IMAGEN SUPERIOR, TORRE DE LA ZUDA, EN ZARAGOZA

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