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Grandiosa victoria hispánica en Las Navas de Tolosa


 

LAS NAVAS DE TOLOSA, 16 julio 1212. Contra todo pronóstico, y contra un ejército que la doblaba en número, la coalición de los reinos hispánicos ha derrotado contundentemente a las fuerzas almohades del califa al-Nasir; ha sido la primera victoria cristiana en campo abierto que se recuerda en mucho tiempo. En el día de hoy, la histórica superioridad de los ejércitos almohades ha quedado definitivamente enterrada en el campo de Las Navas, lo que deja sin fuerzas militares que protejan Al-Ándalus y sus grandes ciudades musulmanas. Alfonso VIII de Castilla, al mando del mayor contingente de la coalición, se erige en el gran vencedor de la jornada, mientras que Castilla recupera la preeminencia hispánica puesta en duda tras la derrota de Alarcos de hace 17 años, aunque difícilmente habría conseguido la victoria sin la crítica ayuda de Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra.


Ni el más optimista de los pronósticos preveía una derrota tan decisiva, dada la capacidad militar de los almohades, la masiva deserción de los cruzados ultrapirenaicos y la ausencia de las fuerzas de Alfonso IX de León y Alfonso II de Portugal, quienes no asistieron a la cruzada por la grave crisis que enfrentaba a ambos reinos. Los cruzados habían sido convocados en Toledo para el domingo de Pentecostés (20 de mayo), y un mes después abandonaban la ciudad en busca del ejército almohade.


En su acercamiento, el ejército conquistó los castillos de Malagón y de Calatrava La Vieja. En el primero, los asaltantes pasaron a cuchillo a toda la guarnición, pero en el segundo el rey Alfonso VIII perdonó la vida a las defensores por haber entregado la fortaleza tras una negociación. Este hecho, que era habitual en las guerras hispánicas, no lo era tanto para los francos, quienes alegando desacuerdo con ello y con el reparto del botín (y probablemente por el calor del duro verano castellano) decidieron volver a sus tierras de origen. En consecuencia, el ejército cristiano que dos semanas más tarde contactó con los almohades en Las Navas (a 78 km al norte de Jaén, en la frontera de Andalucía con Castilla-La Mancha) debía contar con alrededor de 12.000 efectivos entre caballeros y peones, mientras que los musulmanes contaban con unos 20.000 soldados, que además estaban ventajosamente ubicados en las laderas de Sierra Morena (al respecto, la historiografía árabe conoce esta enfrentamiento como la batalla de al-Uqab, la cuesta).


La batalla comenzó de forma tradicional con una carga liderada por Diego Lopez de Haro que, al contrario que en Alarcos y a pesar de atacar cuesta arriba, sí tuvo éxito e hizo huir a la vanguardia de voluntarios musulmanes. Ante ello, los almohades también reaccionaron con su táctica tradicional de simular una retirada para luego envolver al ejército cristiano. Este fue, como en Alarcos, el momento crítico de la batalla. Pero a diferencia de entonces, los flancos dirigidos por Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra resistieron casi milagrosamente todos los envites de la caballería almohade: aquí estuvo la clave de la victoria. Estabilizada la formación cristiana, Alfonso VIII ordenó el ataque de las fuerzas de reserva, compuestas por la caballería pesada y las órdenes militares. Su intervención resultó un éxito, pues se abrió pasó entre los musulmanes y consiguió llegar hasta el real del califa al-Nasir, su puesto de mando, quien apenas consiguió huir para refugiarse en Jaén. Tras el abandono de su líder, el ejército almohade se desmoronó y fue perseguido y destruido por la caballería cristiana. Finalizaba así una de las batallas más importantes, si no la que más, de la historia de lo que ya por entonces se conoce con el nombre de Espana, la versión romance de la antigua Hispania romana.


La victoria sobre los musulmanes tuvo un gran eco en toda la cristiandad, la cual llevaba veinte años (desde la toma de Acre en la Tercera Cruzada y tras la vergüenza de la Cuarta) huérfana de buenas noticias en su lucha contra los enemigos de Cristo. Hasta tal punto fue así, que leyendas más tardías la citan como origen de determinados hechos que, en realidad, no tuvieron que ver con ella, como que Alfonso VIII capturó el pendón del califa (que se exhibe en el monasterio de Santa María de las Huelgas, pero que en realidad fue conseguido por Fernando III décadas más tarde) o la incorporación de las cadenas al escudo de Navarra en conmemoración de que fue Sancho VII el primero en llegar al real del califa y derrotar a la Guardia Negra, que luchaba atada con cadenas para no poder huir (cuando en realidad ese tipo de orla ya se daba en los escudos de finales del siglo XII).


Se abren ahora grandes perspectivas para los cristianos, especialmente para la gran triunfadora Castilla, que tiene ante sí todo Al-Ándalus sin fuerza militar significativa que la defienda. Lo cual, por otra parte, no significa que vaya a ser fácil, pues en esta época los instrumentos militares defensivos superan con creces a los ofensivos (y seguirá siendo así hasta la llegada de la pólvora), donde una ciudad bien amurallada y pertrechada resulta casi imposible de conquistar. Además, las oportunidades para la explotación de la victoria se verán retrasadas por un acto infame: Alfonso IX de León, acérrimo enemigo de Castilla, ha aprovechado la cruzada para atacar la desguarnecida retaguardia castellana y ha tomado la reivindicada Tierra de Campos. Hasta en un momento tan significativo para la Historia quedará constancia de la eterna división entre los reinos hispánicos.


Las Navas de Tolosa es hoy en día una pedanía (499 hab.) del municipio de La Carolina (15.800 hab), ubicado en la zona oriental de Sierra Morena, al norte del Jaén y un lugar estratégico de las comunicaciones entre la meseta y Andalucía a través del puerto de Despeñaperros. De hecho, se encuentra junto a la autovía de Andalucía, desde la cual se pueden observar las ruinas del castillo de Las Navas, que fue conquistado el mismo día de la batalla.


En la localidad vecina de Santa Elena se encuentra el Museo de la Batalla de las Navas de Tolosa, el cual realiza una recreación de la batalla en sus mismas instalaciones.


Por otro lado, en el monasterio de Santa María de las Huelgas de Burgos se celebra todos los años la fiesta cívica de El Curpillos o Corpus Chico, conmemorativa de la victoria. Tiene lugar el domingo siguiente al Corpus Christi y remonta sus orígenes al mismo momento de la victoria, aunque la primera noticia documentada de esta fiesta data de 1331.



IMAGEN SUPERIOR: BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, OLEO DE VAN HALEN,

EXPUESTO EN EL PALACIO DEL SENADO DE MADRID



CABALLEROS DE LAS ORDENES MILITARES DURANTE EL TE DEUM CELEBRADO TRAS LA VICTORIA

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